A good teacher never stops learning!: Chaplin

dimecres, 27 de febrer de 2008

Chaplin

Cuando Chaplin aparece en la pantalla parece que desafiase al mundo, al igual que lo hizo Petrarca cuando dijo que le entendiera quien pudiera, puesto que el ya se entendía. Chaplin, a pesar de los años, no ha dejado de seducir a las generaciones con su rebeldía mágica, su talento arrollador, sus ojos, su bastón… El público sucumbe a su espíritu fuerte, su integridad y su tenacidad. Primero los cortometrajes del mítico Charlot y luego sus otras obras maestras: Tiempos modernos, El gran dictador, La quimera del oro, Candilejas, El chico... En su primer cortometraje el público consideró que era un cómico de primera fila. El inolvidable maestro del séptimo arte cautivó a todos con sus más de 80 películas y en 1951 se le concedió el Premio Internacional de la Paz. Este personaje, actor, director, guionista, productor y compositor, convirtió el cine en la forma artística del siglo XX y supo, en todo momento, moverse con auténtica maestría.


El gran dictador es una comedia comprometida que repasa un episodio de la historia contemporánea alemana: el nacionalsocialismo. Esta tragicomedia se desarrolla en Tomenia y, en su mayor parte, en un ghetto judío de Osterlich, país invadido por los Tomenios.

Un barbero judío sufre la persecución de las Tropas de Asalto del dictador Astolfo Hynkel, que ha iniciado una campaña antisemita con el fin de distraer la atención del pueblo Tomenio de sus problemas económicos.
El barbero es sospechoso de albergar en su casa a Schultz, un ex mariscal de Hynkel, que por su amistad con el barbero decide apoyar la causa judía. Las tropas los capturan a ambos y son deportados a un campo de concentración del cual finalmente escapan disfrazados con uniformes del ejército.

Antes de tomar Osterlich, Hynkel sufre un accidente en una cacería y es confundido con el barbero y éste tomado por Hynkel. Apartir de ahí, el barbero decide cambiar el mundo.

Esta contundente cinta posee una excelente ambientación y reparto y, sobre todo, destaca por su minuciosidad y sugerencia en todos los detalles.


La historia empieza con una advertencia al espectador: "Cualquier semejanza entre Hynkel, el dictador, y el barbero, es pura coincidencia". Pero la sutileza de Chaplin alcanza los límites insospechados cuando, por ejemplo, presenta a Astolfo Hynkel, La Venus de Hoy, El Pensador de Mañana y el dictador Napoloni que vive en Romia. Ya se sabe, cualquier semejanza con la realidad... Como es de esperar en una película de Chaplin, lo mejor radica en el hiperdesarrollado sentido del humor del largometraje. El espectador tiene la oportunidad de contemplar al mismísimo Mariscal Herring que, a pesar de su obesidad, se aprieta el cinturón en solidaridad con el pueblo, a Garbitsch (basura, en inglés) mano derecha de Hynkel, o ver como al dictador, después de jugar, le explota en la barriga el inmenso globo con el mapa mundi, los micrófonos que se estremecen ante el estrepitoso discurso de Hynkel, que habla un alemán estridente, u oir como Tomenia necesita conseguir un préstamo de un acaudalado judío llamado Einstein.

Charles Spencer Chaplin no es un hombre de moda, quizá porque murió en 1977, pero es mucho más que eso: es un clásico y una estrella en su género como pocas han brillado.


Barcelona, mayo de 1994